No es buscar, es encontrar.

El oeste empieza justo aquí, en los dedos de una mano que apunta al sol de una tarde templada. Es esa casa a lo lejos y esa montaña con silueta de mujer que recorta el crepúsculo. Es el Cabo de Gata y Portugal y las Azores. Y en realidad nunca acaba porque incluso el Oeste tiene un oeste.

Eliges fuera porque dentro ya no vale. Decides irte al oeste, con el vértigo que da un único billete de ida y la libertad de no cargar con las llaves de ningún lugar concreto. Tantos meses pensando en el 15 de septiembre y aquí está, casi sin avisar. Imaginas que Nueva York seguirá tan inabarcable como la última vez, pero más cara.

En la mochila tienen cabida las cosas que no pesan: risas de última hora, mapas recortados, buenos deseos y algún “ten cuidado” (tu historial te precede). Te llevas poco para dejar sitio a lo que queda por aprender. Solo echarás de menos a lxs de aquí, als de més enllà and those from even further away. En cierta forma irán contigo, en algún rincón del pecho.

No sabes si serán 3 meses o 13, ni cuántos países o qué lugares te verán pasar. Pero así está bien porque no te vas a buscar, sino a encontrar.

Es hora de dejarse llevar.

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